Estafaban desde una cárcel, vendían droga, y hasta tenían armas enterradas
Una organización narcocriminal que operaba tanto en la vía pública como desde el interior de unidades penitenciarias fue desarticulada tras un megaoperativo que incluyó 23 allanamientos simultáneos en distintos puntos de esta ciudad y en la localidad de Batán, informaron fuentes policiales y judiciales.
El procedimiento, enmarcado en el expediente “Caso Coirón – 182350/25”, se realizó por infracción a la Ley 23.737 (artículo 5 inciso C) y contó con la intervención de la Unidad Fiscal Federal de Mar del Plata, Área de Casos Complejos, y el Juzgado Federal N°2 de esa jurisdicción.

Los operativos se desplegaron en barrios de las zonas sur, centro y norte de Mar del Plata —entre ellos Acantilados, San Patricio, Playa Serena, Cerrito Sur, Etchepare, Juramento, San Martín, Las Dalias, Las Heras y El Martillo—, así como también en unidades penales de Batán.
Como resultado, diez personas fueron detenidas, mientras que otras capturas se concretaron dentro de establecimientos penitenciarios, donde parte de la estructura dirigía las maniobras delictivas.
Durante los allanamientos se secuestraron más de 37 kilos de plantas de cannabis, más de un kilo de marihuana compacta y 119 gramos de clorhidrato de cocaína fraccionados en cientos de envoltorios, además de un trozo compacto de esa sustancia.
Asimismo, los investigadores incautaron un importante arsenal compuesto por revólveres, pistolas de distintos calibres —varias de ellas con numeración suprimida—, escopetas, carabinas y municiones, junto con vehículos con pedido de secuestro, autopartes, dinero en efectivo, equipos informáticos, teléfonos celulares y elementos utilizados para el fraccionamiento y comercialización de estupefacientes. Parte de ese armamento fue hallado enterrado, lo que evidencia maniobras de ocultamiento por parte de la organización.
De acuerdo con la pesquisa, la organización presentaba una estructura de tipo celular, con roles definidos entre sus integrantes y conducción ejercida por internos alojados en unidades penitenciarias, quienes coordinaban las operaciones mediante comunicaciones telefónicas.
La investigación incluyó tareas de inteligencia, vigilancia encubierta y el análisis de más de 15.000 horas de escuchas telefónicas sobre al menos cuatro líneas intervenidas, lo que permitió establecer el funcionamiento de la red, dedicada no solo al narcomenudeo sino también a la provisión de armas de fuego y a la comisión de delitos como robos agravados y sustracción de vehículos.
Según las fuentes, la banda utilizaba múltiples domicilios como puntos de venta y acopio, y realizaba cobros mediante billeteras virtuales, además de coordinar la distribución de drogas en distintos sectores de la ciudad.
El operativo permitió desarticular una estructura considerada “consolidada”, con capacidad logística y permanencia en el tiempo, que además realizaba estafas telefónicas desde el interior de las unidades penitenciarias de Batán.